



El recorrido que planteo hagamos, fue decidido tras tres recorridos realizados el mes pasado.
Con el objetivo de encontrar puntos en la ciudad, desde donde se vieran, al fondo de las perspectivas, objetos urbanos preponderantes, enmarcados dentro de las fugas –perspectivas posibles-, dadas las condiciones de la micro-región del paseo: desde Chapultepec, al centro de la ciudad.
(Se que ya me había pasado más de una vez, quedarme viendo fijo, hacia el final de una calle; descubriendo a veces con sorpresa, lo que se ve al final. Dadas las condiciones ambientales estos “mojones”, de los que depende en cierta medida la “legibilidad” de la ciudad, aparecen y des aparecen).
Historias paralelas al recorrido en si mismo son otros recorridos: disertaciones, conversaciones que el trayecto propone, sacadas de las que a mi se me propusieron en los mencionados trayectos iniciales.
En “el trayecto”, hay que dejar manifestarse al territorio: quizá caminar como con Stalker, dejándose atraer por lo mojones, (cuando se los ve), por las “sendas”, librando “límites”, atravesando barrios. Suponiendo, que caminando así, además de llegar de A a B, se nos suscitaran pertinentes circunstancias.
Esta ruta tiene que ver con la ubicación y puntos de referencia en el paisaje de la ciudad.
Lo comúnmente turbio de nuestra atmósfera, sugiere que vivimos conformes con haber perdido el paisaje: el horizonte de lo posible.
Son contados los días en que se logran ver, tras subir a un punto alto, nuestros volcanes y otros signos característicos, testigos del generoso sitio en que vivimos.
Sin embargo, en la parte baja y plana del mal llamado "valle", metafísico, en la zona central de la ciudad hay “fugas”, que sugieren nuevas dimensiones del territorio. Esta ruta propone develar algunas, mediante recorridos físicos y virtuales; encontrar, para evidenciarlos, ejes que propongan (con estas nuevas dimensiones), nuevas posibilidades de vivencia que prolonguen nuestro truncado sentido de la vista.