Esta ruta tiene que ver con la ubicación y puntos de referencia en el paisaje de la ciudad.
Lo comúnmente turbio de nuestra atmósfera, sugiere que vivimos conformes con haber perdido el paisaje: el horizonte de lo posible.
Son contados los días en que se logran ver, tras subir a un punto alto, nuestros volcanes y otros signos característicos, testigos del generoso sitio en que vivimos.
Sin embargo, en la parte baja y plana del mal llamado "valle", metafísico, en la zona central de la ciudad hay “fugas”, que sugieren nuevas dimensiones del territorio. Esta ruta propone develar algunas, mediante recorridos físicos y virtuales; encontrar, para evidenciarlos, ejes que propongan (con estas nuevas dimensiones), nuevas posibilidades de vivencia que prolonguen nuestro truncado sentido de la vista.